El juego del diccionario

A raíz de la entrada del blog de Maribelele me ha venido a la memoria un juego que realizaba con mis hermanos y algunos amigos y que creo que podríamos utilizar con nuestros estudiantes.

El juego lo llamábamos el diccionario y era realmente divertido. Para realizar este juego necesitamos un grupo de alumnos con un nivel no inferior al B2.

Para empezar necesitamos un buen diccionario, mucha   imaginación y muchas ganas de pasarlo bien. Para motivar a nuestros alumnos podríamos introducir un premio (en función de los gustos de nuestros estudiantes). Yo, normalmente llevo a clase chocolate, dulces o caramelos para estimular un poco más la participación de los alumnos. Una variante que he utilizado algunas veces es darles la posibilidad de colaborar con el premio pidiéndoles que traigan algo (chocolate, chicles, chupa chups o algo así).

Pongamos que tenemos 6 alumnos. El primero de ellos abre el diccionario por una página cualquiera, al azar. En la página tiene que buscar una palabra que crea que ninguno de los compañeros conoce o que sea de difícil definición. Una vez seleccionada la palabra, la dice al resto de la clase. Cada uno de los compañeros escribe en una hoja suelta la definición que cree que puede tener la palabra. La finalidad última no es acercarse a la definición real, sino crear una definición auténtica con el objetivo de que el resto de los participantes pueda llegar a pensar que dicha definición es la correcta.

Una vez que todos los alumnos han escrito la definición en sus respectivas hojas, se las entregan al alumno que ha seleccionado la palabra (es importante que él también escriba la definición en una hoja suelta).

Con todas las definiciones y sin que el resto de la clase pueda ver qué definición se está leyendo, el alumno responsable del diccionario lee todas las definiciones, una por una. El resto de los alumnos escuchan con atención y escriben cada definición, seleccionando la que creen que es la correcta.

Puntuación: el alumno que adivine la definición correcta obtiene un punto; la definición que sean elegidaa como correcta por otros compañeros y que no corresponda con la del diccionario otorga un punto al alumno que la ha escrito; si ninguno de los compañeros elige la definición del diccionario, el alumno que la ha seleccionado recibe un punto.

Al terminar, el diccionario pasa al siguiente alumno y repetimos el procedimiento. Podemos hacer una única ronda o las rondas que queramos. Os digo que yo me divierto muchísimo y que el ingenio se agudiza mucho. No os podéis imaginar la cantidad de definiciones estupendas que se crean.

Foto: Galería de LSE Library

Jostein Gaarder y la chica de las naranjas

Hace ya tiempo leí un libro de Jostein Gaarder, la joven de las naranjas, en el que se plantea una pregunta que desde entonces no paro de hacerme y hasta hoy no consigo responder.

Si te explicaran con profundidad en que consiste la vida, con sus reglas, sus aspectos positivos y negativos, con la muerte, el dolor, las alegrías, la amistad, el amor… y te dieran la posibilidad de participar al juego, ¿qué dirías?. Esta es la pregunta que le plantea un padre a un hijo mediante una carta post mortem. El padre, al serle diagnosticada una enfermedad mortal, se da cuenta de que dejará a su hijo sin padre. De ahí nace la pregunta que éste le plantea a su hijo. De haberlo sabido, ¿te hubiera tenido?, ¿habrías aceptado participar al juego?

De esta simple pregunta han surgido varias ideas. Una de ellas trata sobre el hecho altruista, desde mi punto de vista, de no tener descendencia por este mismo motivo, la convicción de que hay personas que responderían con un “no, gracias” a esta pregunta.

Pues bien, como he comentado, desde que terminé de leer el libro no he parado de reflexionar sobre ello. Tras muchas de las reflexiones que he hecho, una de ellas me ha llevado a indagar sobre el sucidio, lamentable tabú social, dando con este programa de Redes.

Lo que me gusta de este autor es la capacidad de plantear preguntas para que el lector empiece un camino hacia su propia respuesta.

De ahí que me plantee llevar al aula esta reflexión. Dentro de las tareas finales que tienen como objetivo argumentar y debatir sobre varias ideas y conceptos, creo que sería un óptimo tema para debatir en clase. Dar cabida a cada una de las reflexiones de los propios aprendientes, estimular el diálogo y el respeto hacia todas las opiniones, además de argumentar, debatir, justificar, oponer, pedir aclaraciones, explicaciones y llegar a conclusiones finales.

La fase más dificil es, sin lugar a dudas, hacerles llegar con claridad el concepto del debate.