Jostein Gaarder y la chica de las naranjas

Hace ya tiempo leí un libro de Jostein Gaarder, la joven de las naranjas, en el que se plantea una pregunta que desde entonces no paro de hacerme y hasta hoy no consigo responder.

Si te explicaran con profundidad en que consiste la vida, con sus reglas, sus aspectos positivos y negativos, con la muerte, el dolor, las alegrías, la amistad, el amor… y te dieran la posibilidad de participar al juego, ¿qué dirías?. Esta es la pregunta que le plantea un padre a un hijo mediante una carta post mortem. El padre, al serle diagnosticada una enfermedad mortal, se da cuenta de que dejará a su hijo sin padre. De ahí nace la pregunta que éste le plantea a su hijo. De haberlo sabido, ¿te hubiera tenido?, ¿habrías aceptado participar al juego?

De esta simple pregunta han surgido varias ideas. Una de ellas trata sobre el hecho altruista, desde mi punto de vista, de no tener descendencia por este mismo motivo, la convicción de que hay personas que responderían con un “no, gracias” a esta pregunta.

Pues bien, como he comentado, desde que terminé de leer el libro no he parado de reflexionar sobre ello. Tras muchas de las reflexiones que he hecho, una de ellas me ha llevado a indagar sobre el sucidio, lamentable tabú social, dando con este programa de Redes.

Lo que me gusta de este autor es la capacidad de plantear preguntas para que el lector empiece un camino hacia su propia respuesta.

De ahí que me plantee llevar al aula esta reflexión. Dentro de las tareas finales que tienen como objetivo argumentar y debatir sobre varias ideas y conceptos, creo que sería un óptimo tema para debatir en clase. Dar cabida a cada una de las reflexiones de los propios aprendientes, estimular el diálogo y el respeto hacia todas las opiniones, además de argumentar, debatir, justificar, oponer, pedir aclaraciones, explicaciones y llegar a conclusiones finales.

La fase más dificil es, sin lugar a dudas, hacerles llegar con claridad el concepto del debate.

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